El amor en el siglo XV y en el siglo XXI

 

“Quieres lo que todo el mundo quiere... quieres un amor que te consuma, quieres pasión y aventura, e incluso un poco de peligro.” "El amor no es tranquilo, no es limpio... es caos, es peligro, es lo que te hace perder la razón y, aun así, no poder vivir sin eso. No quiero promesas de eternidad, quiero que me elijas, aunque hoy seas débil, aunque mañana dudes. Porque amar de verdad no es cómodo ni seguro... es intenso, y si no duele un poco, ¿realmente lo estás sintiendo?"


¿Qué podría tener en común la historia de La Celestina y Crónicas Vampíricas? Pese a que han pasado cinco siglos, hay más parecido de lo que podríamos pensar, ambas hablan del poder del amor y sus consecuencias. En la novela de Fernando de Rojas del siglo XV, el personaje de Calisto representa una forma de amar desde la idealización, exageración y profundamente egoísta que termina en tragedia. Sin embargo, en la serie de 2009 el amor aparece con Damon Salvatore, un amante apasionado, impulsivo, cuya actitud, lejos de ser juzgada, se presenta complementando un atractivo que se acepta y se fija como objetivo. En este trabajo voy a analizar cómo entienden el amor estos dos personajes para ver si las historias actuales han superado los modelos idealizados del pasado o si, en realidad, siguen repitiendo los mismos esquemas “románticos” de siempre.

Para contextualizar, Fernando de Rojas escribe La Celestina a finales de siglo XV. En esa época todavía estaba presente el amor cortés, un modelo que defendía la idealización de la mujer y el sufrimiento del enamorado como prueba de sentimiento. Sin embargo, la novela rompe con esa visión y muestra una realidad más cruda donde el amor aparece ligado al deseo, al interés y a la manipulación. Crónicas Vampíricas se estrenó en 2009, en pleno auge de las historias románticas juveniles con elementos sobrenaturales, donde el amor intenso y complicado se convierte en el centro. Y donde el “chico malo” resulta atractivo y el sufrimiento es algo emocionante y necesario para demostrar amor verdadero.

Calisto es un personaje llamativo desde el punto de vista psicológico. Representa una manera de amar desmesurada. Desde que ve a Melibea queda profundamente prendado y declara estar enamorado de ella, aunque no la conoce. Su amor nace de una impresión distorsionada que se transforma en una devoción absoluta, exagerando sus sentimientos. Y esto demuestra que no está enamorado de una persona real sino de la imagen perfecta que ha creado en su cabeza. Su amor se basa en el anhelo y en la fantasía y su comportamiento es egoísta y caprichoso. Cuando Melibea le rechaza, Calisto no lo asume con madurez. Se desespera y acude a la Celestina para conseguir su objetivo. Está dispuesto a mentir, manipular y poner en riesgo a otros con tal de conseguir a la fuerza lo que quiere. Calisto vive el amor con desesperación. Su vida gira en torno a Melibea, hasta el punto de descuidar su responsabilidad y honor que terminará teniendo consecuencias trágicas.

Damon Salvatore es el amante apasionado, impulsivo y complicado que, desde que aparece es oscuro y violento. Cuando se enamora de Elena, su actitud es similar a la de Calisto: su vida empieza a girar en torno a ese sentimiento y muchas de las decisiones que toma, las motiva el deseo de estar con ella. Damon ama de una manera posesiva y celosa. En varias ocasiones actúa de forma impulsiva, haciendo daño a otras personas. Al igual que Calisto, pone su pasión por encima de la razón y de las normas sociales. En la serie, la intensidad de Damon se convierte en uno de sus principales atractivos. El sufrimiento que causa a Elena es una muestra de que la ama de verdad. "El chico malo que salva a la chica” es un clásico que nunca pasa de moda, y Damon Salvatore es el ejemplo perfecto de esto. No es el héroe convencional que siempre hace lo correcto; al contrario, comete errores, se deja llevar por la pasión y a veces incluso hace daño... y, aun así, eso lo hace más humano y real. Lo que lo vuelve “salvador” no es que tenga superpoderes ni soluciones mágicas, sino que aparece en la vida de la protagonista en los momentos más difíciles de tensión emocional, como si su amor intenso pudiera rescatarla de su propia vulnerabilidad. Es como si dijera: “Sí, soy complicado y no siempre voy a hacer lo correcto, pero voy a estar ahí y voy a luchar por ti”. Esa mezcla de peligro y entrega es lo que fascina, porque da la sensación de que amar a alguien así es vivir una gran aventura, algo que desafía lo cotidiano y lo seguro, ¿y quién no quiere vivir una aventura? Por eso en la ficción contemporánea, el “chico malo salvador” se ha convertido en sinónimo de amor apasionado: es el que arriesga, el que se equivoca y el que siente demasiado. El héroe que, salvando a la chica, justifica todas sus acciones.

Comparando a Calisto y a Damon Salvatore veo varias similitudes en su manera de entender el amor. Ambos lo viven con una pasión que domina su vida y condiciona sus decisiones. El sentimiento aparece ligado a la obsesión, los celos y la incapacidad de comunicarse con sinceridad. Ambos idealizan a la mujer que creen amar. Calisto convierte a Melibea en un ángel divino; Damon, aunque conoce mejor a Elena, también la sitúa en el centro como si su felicidad dependiese de ella. Los dos priorizan su deseo por encima de las consecuencias y donde el sentimiento pesa más que el bienestar de la persona que quieren. Sin embargo, lo que las diferencia está en el final. En La Celestina, el comportamiento de Calisto termina en tragedia. La obra deja claro que la pasión descontrolada conduce a la destrucción, casi como una advertencia. En cambio, en Crónicas Vampíricas el amor de Damon se recompensa. Mientras que Rojas critica el modelo de amante obsesivo, la serie contemporánea lo convierte en un ideal.

Actualmente, el amor que ofrece Damon Salvatore sigue muy presente en la cultura popular. Las series, las películas y los libros juveniles tienden a premiar la pasión, la posesividad y los sacrificios por encima de la comunicación y el respeto. Y esto hace que se refuerce la idea de que el sufrimiento y los conflictos dentro de una relación son señales de un amor verdadero. Por eso creo que la crítica que hace Fernando de Rojas a través de Calisto es bastante más moderna que lo que plantea la serie. Mi opinión se podría discutir porque ya está tan aceptado el modelo de amor que produce sufrimiento que plantear un amor que no tenga estos efectos parece ficticio. Cuando lo ficticio es lo imposible y lo que no se debería aceptar.

Yo, sin embargo, no creo que el amor deba doler para ser real. No creo que la intensidad se mida por los celos, los sacrificios extremos o la dependencia emocional. Creo en la posibilidad de encontrar un amor que no sea únicamente físico, que no se base solo en la atracción o en la pasión desbordada, sino que me quiera también por mis valores, por mi forma de pensar, por mi sensibilidad, por mis defectos y mis virtudes. No quiero que me prometan un “para siempre” vacío, proveniente de la emoción del momento. Prefiero que me elijan cada día. Que alguien decida quedarse no porque sienta que no puede vivir sin mí, sino porque quiere compartir su vida conmigo. Para mí, eso es mucho más profundo y mucho más valiente.

Creo en un amor que construya en lugar de destruir, que acompañe en lugar de poseer, que respete en lugar de controlar. Y aunque hoy parezca más romántico el sufrimiento que la estabilidad, yo sigo pensando que lo verdaderamente revolucionario es un amor sano, consciente y libre. Un amor que no necesite hacer daño para sentirse verdadero.

Rectificaría a Damon y modificaría sus palabras.

"El amor es tranquilo y limpio, es lo que te hace no perder la razón y poder vivir con eso. No quiero promesas de eternidad, quiero que nos elijamos, aunque seamos débiles y mañana dudemos. Porque amar de verdad es cómodo y seguro como el hogar... es intenso y no duele ni un poco."

Solo si no duele podrá ser amor de verdad.


Escrito por Lucía DeBrito 

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