El perfume de la libertad
El perfume de las flores de noche
Leila Slimani
Cabaret Voltaire, Madrid, 2022
149 páginas
Traducción de Malika Embarek López
Valoración: 5
Como si se tratara de su propio diario, Slimani nos adentra en su mundo interior, combinando reflexiones, recuerdos y observaciones del mundo que la rodea. La obra surge de un proceso creativo marcado por sus dudas existenciales. La autora siente la necesidad de hablar de lo bueno, de lo brillante, pero solo encuentra oscuridad. Esta tensión la lleva a viajar a Venecia en busca de inspiración y soledad.
En ese contexto, la noche aparece como un territorio perdido. Slimani afirma que «hoy, las grandes ciudades están despojadas del cielo nocturno», subrayando cómo la libertad nocturna femenina se desvanece en un mundo que exige visibilidad constante y neutraliza cualquier forma de desvío. Las mujeres que caminaban de noche, fumaban en secreto o besaban lejos del control se asemejan a las luciérnagas descritas por Pier Paolo Pasolini: luces frágiles, breves y vulnerables que iluminaban la penumbra, símbolos de aquello que escapa a la vigilancia y a la sobreexposición del mundo moderno, destellos de autonomía que la obra intenta rescatar y hacer visible.
Esa misma idea de resguardo y secreto se condensa en una de las imágenes más bellas del libro, cuando la autora escribe que «estas flores solo aparecen cuando llega la sombra, como si el árbol quisiera preservar su belleza, mantenerla secreta, no exponerla a las miradas, del mismo modo que yo sueño, también, en mantenerme alejada del mundo». En esa confesión se reconoce también su propio deseo de mantenerse al margen, de proteger una parte de sí misma frente a la exposición permanente.
El perfume de la dama de noche que emana del patio del museo en Venecia, conecta a Slimani con su casa, su país y su familia, actuando como un hilo que une presente y pasado. Para la autora, la misión del artista es en parte, entablar diálogo con lo que ya no está. Por eso, su obra se convierte en un homenaje a su padre y en un intento de dar voz a aquello que no pudo presenciar. Como ella misma reconoce, quería « contar lo que no he visto, algo de lo que no sé nada y me obsesiona» porque contar los hechos que no presenció también forma parte de su vida. Así, la memoria y los aromas, los recuerdos íntimos y la historia familiar se entrelazan, revelando cómo la escritura permite iluminar lo oculto, dar cuerpo a lo olvidado y mantener vivo aquello que la vida cotidiana ha intentado borrar.
En definitiva, la libertad de Slimani que fascina es su forma de relatar el mundo, su capacidad de extrañamiento que permite volver a sentir la vida como si fuera nueva, aun sabiendo que no lo es. La noche sigue siendo necesaria, sobre todo si se tiene en cuenta que las estrellas necesitan la oscuridad para brillar.
Escrito por Lucía DeBrito.
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