Un árbol, una vida

 

Vestido de hojas llega al verano
de la tierra se nutren sus raíces,
¿quién dijo que estaba muerto?
No es ser imprescindible su poder
Sino el darnos la vida sin nada a cambio

Vivimos rodeados de ellos, sabemos que están ahí pero no sabemos muy bien por qué. Cada vez somos más los que reivindicamos su posición en el mundo, sin ser muy conscientes de que les debemos más de lo que nos pensamos. Simone Weil, filósofa y mística del siglo XX, exploró este ser vivo como un poderoso símbolo de la condición humana y nuestro lugar en el universo.

El árbol es más que una metáfora: manifiesta una conexión entre el cielo y la tierra, lo sagrado y lo profano y refleja las dualidades dentro de cada uno de nosotros. Con sus raíces en la tierra, pero extendiéndose hacia el cielo, simboliza el vínculo entre el mundo material y el espiritual. Coincido con Weil de que se puede ver, por un lado, la estabilidad y la identidad; por otro lado, la aspiración a elevarse y abrirse a los demás. Esta dualidad lejos de separar fuerzas opuestas se convierte en un símbolo de equilibrio.

También se puede considerar al árbol como un lenguaje universal como el de la música, trasciende de palabras y actúa como un puente entre el cielo y la tierra. El árbol recuerda a cada persona que debe estar firmemente enraizada y al mismo tiempo abierta al misterio para enfrentar las dificultades de la vida. Los conceptos esenciales para la naturaleza de un árbol son también primordiales para moldear la mente humana. Tal y como los árboles están arraigados a la tierra, este arraigo es esencial en la cultura, los valores y la tradición para comprender nuestra identidad. El árbol manifiesta una unión armoniosa que refleja nuestra propia búsqueda del equilibrio. Esta capacidad de mantener el equilibrio es lo que hace al árbol un modelo de vida.

El árbol vive y muere al mismo tiempo mientras sus tejidos se transforman. Esta coexistencia de vida y muerte simboliza lo efímero y lo permanente. Vivimos en una sociedad en la que faltan modelos. El árbol es un gran ejemplo para seguir, si indagas en las raíces de un árbol, llegarás a tus propias raíces.

Escrito por Lucía DeBrito. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un espacio propio

El perfume de la libertad

La partitura en mí